José Gregorio Hernández: Un hombre de ciencia y fe

A más de 100 años de su desaparición física, José Gregorio Hernández aún es recordado como un sobresaliente médico, profesor universitario, académico, científico y hombre de fe. Las distintas dimensiones de su vida han sido ampliamente tratadas por investigadores de la medicina venezolana; de la sociedad civil nacional de los siglos XIX y XX; como de nuestra Iglesia Católica.

Para el Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo Metropolitano de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, “siguiendo sus huellas se nos revela la riqueza humana y cristiana que nos legó, y, en estos momentos, es una invitación a prepararnos para que la alegría de su beatificación sea mucho más que un gozo pasajero. Es el momento propicio para renovar la fe, para dar fuerza a la esperanza, para servir al prójimo, empezando por los más vulnerables, y para edificar la Venezuela fraterna y solidaria que soñamos”.

Próximos a la ceremonia de su beatificación, que se llevará a cabo el 30 de abril en Caracas, es importante recordar su importancia en el desarrollo de la medicina en el país, un legado a veces opacado por sus atributos de santidad. Hernández es considerado fundador de la bacteriología en Venezuela, perfeccionó el uso del microscopio y es uno de los 35 miembros iniciales de la Academia Nacional de Medicina. Hernández estaba convencido de que uno de los principales medios para sacar al país de la miseria material y cultural era la ciencia.

También creó el Instituto de Medicina Experimental, el Laboratorio del Hospital Vargas y varias cátedras de Medicina, entre ellas Histología Normal y Patológica; Fisiología Experimental y Bacteriología, reconocida como la primera que se fundó en América. Estudió y realizó investigaciones en Paris, Madrid, Berlín y Nueva York, lugares de los que siempre regresó para impartir sus conocimientos en la Universidad Central de Venezuela, en la que ejerció la docencia por más de dos décadas.

“En el mundo médico venezolano no existe persona de la que se haya escrito más que de este ilustre trujillano”, afirma el Dr. Leopoldo Briceño-Iragorry, Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina, Sillón XVIII e Individuo de Número de la Sociedad de Historia de la Medicina.

José Gregorio Hernández se alejó en varias ocasiones de la medicina en la búsqueda de una respuesta vocacional, en dos veces viajó a Italia una para ingresar primero en la Cartuja de Farneta de Lucca y al Colegio Pio Latino Americano. Pero en su discernimiento vocacional escuchó el consejo del Arzobispo de Caracas Monseñor Juan B. Castro de continuar su labor como médico y profesor al servicio de una Venezuela “urgida hoy más que nunca de hombres ejemplares como usted”.

El Dr. Luis Razetti, otro destacado médico de la época con el que trabajó y fue gran amigo, sentenció que “el Doctor José Gregorio Hernández creía que la medicina era un sacerdocio del dolor humano”.


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